sábado, 2 de enero de 2016

Volverse loco
sería la idea más descabellada 
para cualquier inicio de año nuevo.

Encontrar los cabos sueltos
de lo absurdo
y comprender la verdad caleidoscópica
de todo lo que acontece,
sería el esfuerzo más inútil
cuando se intenta hacer
cualquier dichosa lista de buenos deseos. 

La felicidad
debería sonrojar mis mejillas,
y no lo hace.

Todas las rajas
se concentran ahora
en el minúsculo aleph infinito de mis ojos,
y todas se clavan al unísono
en este pecho maldito
como puñales de madera carcomida.

Al fin y al cabo,
la vida
no es más que un punto
que cambia de sitio
dependiendo del cristal con que se mire.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Y salió a relucir
el poeta grandilocuente,
el ingenuo,
el idiota.

El poeta que adorna de grandes palabras
las diminutas cosas.
Ese poeta que apenas sabe
que la belleza
no cabe en vastas imágenes
ni en frases gloriosas.

Por suerte,
existe el otro poeta,
el escondido,
el susurrante,
el ausente.
El que sabe
que el amor
no es soga que ata las pieles
y que está por encima de las
necesarias partidas
o de los océanos que parten.

Ese poeta,
entiende bien que al amar
se recela de ataduras,
de empalagosas peroratas,
de melodías menores,
de lugares comunes.

Este poeta,
no necesita proclamar
al viento
cuándo y cuánto ama.
Él, simplemente
engulle.

viernes, 4 de diciembre de 2015

Aquella noche,
Sacromonte se vistió
de blanco
con el manto que extendió
la eterna luz de su sonrisa.
Aquella noche,
hasta la Alhambra
cayó rendida
a los pies de su belleza.
Aquella noche,
hasta los gitanos
se enamoraron
tragando sangre por seguiriyas.


martes, 17 de noviembre de 2015

La perdición


La perdición, la perdición...
La perdición nos salva y guía nuestros pasos.
La perdición es resplandor,
y el resto, máscara.

La perdición nos unifica con nuestros semejantes.
La perdición cuelga de nuestras visiones
el rostro de los mares.
La perdición es esperar.

De "Canciones de Mihyar el de Damasco" 1961

Adonis Ali Ahmad Said Esber

lunes, 16 de noviembre de 2015

Armonía (José Hierro)

Quise tocar el gozo primitivo,
batir mis alas, trasponer la linde
y volver, al origen, desde el fin de
mi juventud, para sentirme vivo.

Quise reverdecer el viejo olivo
de la paz, pero el alma se me rinde.
¿Quién es sin su dolor? ¿Quién que no brinde,
sin pena, su ayer libre a su hoy cautivo?

Y ¿quién se adueñará de la armonía
universal, si rompe, nota a nota,
grano a grano, el racimo, los acordes?

¿Quién se olvida que es cuna y tumba, día
y noche, honda raíz y flor que brota,
luz, sombra, vida y muerte hasta los bordes?

(De Quinta del 42, 1952)

José Hierro

domingo, 25 de octubre de 2015


Luz...
Cuando mis lágrimas te alcancen

la función de mis ojos

ya no será llorar,
sino ver.
León Felipe





¿Cómo escapar a los fracasos?

¿Cómo embarcar en este vuelo
la pesada maleta de los errores?

Fueron mis culpas
las que me expulsaron de aquel templo.

Fue la enésima tentativa de esta
estúpida arrogancia
la que me mantuvo de noche en vilo.

¿Cómo escapar a la eterna idiotez?

Sé que todo sería más fácil  
si perdiera el miedo a caer derrotado.

Todo sería distinto
si supiera cómo decirle
que he tomado la firme decisión de amarla.
Si pudiera hacerle ver que la distancia
no es problema
pues los dos sabemos bien cómo cuidarnos.
Necesito enseñarle
que en mis brazos no hay prisiones, palabras necias ni engaños.
Que callo para no volver a ser el estúpido
que no supo escribir aquellos versos.
Que miro su foto tanto
que la acabaré desgastando.
Que muero de ganas por volver a verla.

Todo sería distinto
si al fin y al cabo,
aprendiera a escapar de los errores
y vivir junto a
los fracasos.




viernes, 9 de octubre de 2015

...Y retornamos a las calles
que se disparan contra el puerto,
a nuestros cielos empañados,
a los jardines polvorientos,
a continuar, ya para siempre,
desterrados de nuestro reino...


José Hierro


Las fechas señaladas,
señalan
y desempolvan el lodo
ahincado con saña
en la madreselva del pecho.

Los recuerdos,
confunden las melodías
que se cubrieron de hermosos acentos,
la blancura de la sonrisa,
los rizos que en las manos
jamás se entretejieron.

Entonces
todo acaba 
en un torpe conjugar 
de inmaduros versos 
ansiosos de abrazos;
irremediablemente muertos 
sin un beso.