y entre toda la nieve
y por entre todo el frío
salir a la mañana del silencio
en el pasillo sin tu nombre
para olvidar la sombra que sabe
que la ausencia es una forma de invierno
“Muevan su cuerpo levemente hacia adelante para apoyar la guitarra contra su pecho, la poesía de la música debe resonar en su corazón.” (Andrés Segovia) "Escribir es defender la soledad en que se está." (María Zambrano)
y entre toda la nieve
y por entre todo el frío
salir a la mañana del silencio
en el pasillo sin tu nombre
para olvidar la sombra que sabe
que la ausencia es una forma de invierno
¿cómo se despereza un cuerpo tras la desbandada de un Ángel?
volver
dicen los que nada saben de esquinas con ecos de rapaz hambrienta
de puertas que no cierran con tanto polvo de huida
ya sucedió otras veces
bastó con esperar la calma
y amarrar el hilo que se quebró de la madeja
volver
sin la comisura llena de brindis
sin alzar el vuelo de ala pequeña
por algún camino de orilla sin luna
Tónica
Dominante
Subdominante.
Compases de triada y
caricias de quintas,
síncopas de un espacio mayor;
pasillo de polifonías
con tranquilos halls de monocordes,
lecho de arpegios
en sobremesa de lágrimas,
trémolo de un balcón con flores rotas,
dormitorio de fusas,
despensas de bemol.
Lugar donde el sueño revive
en una eterna coda sin nombre.
Subdominante
Dominante
Tónica.
(Calderón)Reconozco el índigo
que se alambra en la doblez del río
reconozco el banco
donde no nacen los besos
la calle con llovizna a pasado
el jardín donde ser viento
cuando no hay cometa
lugar de descanso
para un poema
de versos a la deriva
humedades de un sueño
que olvidó su retorno
sabor a vino y humo de niebla.
Esquivo las huellas de las olas
agazapado entre los muros del silencio,
escuchándote,
como viento en las noches,
soñando que las caracolas de tu pelo
descansan a orillas de mi pecho
y que como un albatros
que despliega sus alas al cielo,
engulles la distancia de tu lecho
para ser Afrodita en su marea
que arrastra mi boca a tus labios.
Será un Levante a la espera
el que mueva mi armada
a la conquista de aquella trinchera
que hay tras la fortaleza de tu ombligo.
¿Existe la inequidad del viento?
Hay fraguas que se tornan manso arroyo,
recesos en los meandros del camino,
cenizas que un día fueron ríos de lava,
devastadoras lenguas de fuego y besos
que arrasaron arbóreos paisajes de guirnaldas.
Más allá del poema,
hay una vida que duele,
un despertar de niño atolondrado,
un amor que se esfuma
o quizá que se despereza.
Todo tras el andrajoso telón del olvido,
tránsito de la memoria
que pretende aplacar el pasado
para evitar alguna herida venidera.