Plantearse la vida
desde su más absoluta radicalidad
viviendo sin horizontes
doliendo la vida
viendo las nubes
desde lo más alto del alminar
para,
de a poco,
descender,
y ver la vida de los otros
vivir la vida de los otros
doler la vida de los otros
viajando por los lúgubres caminos
de lo desconocido
iluminados por la tenue luz
de un ínfimo hilo de esperanza
recorriendo intrincadas marañas
que conducen a desiertas planicies
sin más equipaje que desnuda ropa
sin más pretensiones
que las de un errante vagabundo
para después de tan arduo viaje
habiendo llegado a la deseada Ítaca,
confesar la más radical de las experiencias
la de haber vivido la vida
Bonito y cierto a la vez...y sobre todo valiente.
ResponderEliminarMe gusta.
A ver para cuando la próxima.
Besinos,
Aran