domingo, 6 de abril de 2014

huídas

Monótonos ríos desmantelan
viejos sedimentos desordenados,
mientras espléndidas playas se inundan
al arrullo de pétalos de hierro y fuego.

Flores de cerezo
esparcidas sobre vientres colmados
con lágrimas de cuencas secas
y frágil lamento quebrado.

Risas que se escuchan sordas
tras aguas de lenta pleamar
y podrido aliento.

Todo el verde surgido en la mañana,
a la tarde se convertirá en pálido viento seco.

Suerte que aún nos queda éste,
amor mío,
nuestro sendero.

Entonces,
¡huyamos por el espinado camino
que cruza el desolado huerto!

¡Agárrate fuerte a mi pecho y corramos!
que aquel sonido de guitarras
jamás acallaran las voces de nuestro desvelo.

Deja que te ofrezca mis brazos
para desprenderte
de todo tormento.

Y después huyamos,
amor mío,
por éste,
nuestro sendero.

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