Y entonces, triste, pero firme,
perdóname, te ofreceré una vida
ya sin demonio ni alucinaciones.
José Hierro
No existirá patria más bella
que este destierro de notas
vertidas sobre el pentagrama de mis manos.
No habrá metafísica más profunda
que estos versos cantados
al son
de tus hermosos acentos.
No habrá religión más severa
que esta impía mañana
de voces
atravesando mi pecho.
No hay camino más directo
que todos estos,
mis recovecos.
¿Dónde andas agazapado ahora, miedo?